
* Título original: Meadowoods
* Nacionalidad: USA | Año: 2010
* Director: Scott Phillips
* Guión: Stuart Ball, Scott Phillips
* Intérpretes: Connor Thorp, Michelle Roe, Michael Downey
* Argumento: Tres jóvenes americanos sin futuro deciden construirse el suyo propio y asegurase que nadie se olvide de ellos.
“Una generación que no soporta el aburrimiento será una generación de escaso valor”, yo añadiría, “y peligrosa”. Y mayormente con una psicótica falta de ideales y con un nulo conocimiento de lo que significa la palabra ‘moral‘. Me recuerda un poco, la situación de los adolescentes en la mayoría del mundo (no solo en EEUU), a la época moderadamente nihilista de la época Grunge. Subió la tasa de suicidios, Seattle se convirtió en un vertedero de yonkos, todo te importaba un carajo…la diferencia es que ahora los chavales quieren ser recordados de alguna manera, demostrar de forma totalmente egocéntrica que ellos han echo algo importante, malo o bueno, lo que menos cueste. Y si hay que matar a alguien para hacerlo pués se hace, así sales en la tele, si te pillan, y si no te partes el eje cuando ves a la policía dando vueltas a un vertedero.
Con un director novel y un grupo de actores que debuta en esta película, sus intenciones y resultado consiguen superar con creces las dudas lógicas (rodaje cámara en mano, flashbacks constantes y el miedo de encontrarnos con otro proyecto fallido de retratar la juventud actual), aunqué no evita ciertos fallos más propios de la posible ingenuidad de los responsables que de alguien con una cierta experiencia.
Travis, un psicópata de manual, Steph, la chica que hace lo que le dicen, y Ryan, el cámara que-no-está-muy-seguro-de-lo-que-van-a-hacer) son tres amigos que se aburren horrores en el aletargado pueblo de MEADOWOODS (curioso que apenas vemos imágenes del pueblo en si), y no está dispuestos a pasar el resto de su vida como 3 adolescentes más en la maréa de medianías y seres anónimos que pululan por su ciudad; y sobre todo, no quieren que la gente se olvide de ellos, quieren pasar a la historia. Entre cerveza y cerveza, peta y peta, se les ocurre la idea de que la única forma que tienen de conseguirlo es haciendo algo tan terrible que nadie nunca les olvide. El plan se divide en 3 partes, siempre orquestado por Travis,: 1º conseguir a la víctima adecuada, 2º encontrar un lugar en el que nadie les vea y sea de muy difícil acceso y 3º idear una forma muy cruel de acabar con esa persona. Lo primero que consiguen es el lugar, una zona en mitad del bosque a la que no va nadie nunca. Encontrar la persona adecuada va a ser más difícil, y en una de las partes más desasosegantes vemos como se dedican a hacer fotos y vigilar a la gente como si de lo más normal del mundo se tratara, descartan unas, se piensan otras (como quien elige en un menú) y al final encuentran a la persona perfecta: Kayla (Ila Schactler en un debut fantástico), una chica muy hogareña que toca la guitarra. La forma….pués lo más cruel posible, secuestrándola, encerrarla en una caja bajo tierra con cámaras y sonido para poder torturarla psicológicamente y un tubo de respiración para jugar con ella hasta que se muera. Luego, por supuesto, mándarle la cinta a los padres. Pero Ryan ha sido el encargado de engañarla con una supuesta entrevista falsa, y al conocer a la persona se le aparecen dudas sobre si está haciendo lo correcto. Esta circunstancia hace que la última media hora cobre un ritmo inusitado y con un desenlace muy, pero que muy abierto a distintas interpretaciones.
Sin duda una experiencia única, que, si no fuera por la Banda Sonora y ciertos detalles del montaje, podría ser equiparable a la terrorifica y tal vez inspiración de esta: FUNNY GAMES. Refleja de forma muy acertada la apatía descarnada de los adolescentes de la última generción, especialmente de los que no tienen medios, ni incentivos para intentar llevar una vida normal. Hay escenas tan creíbles que se te ralentiza el pulso y te sientes como si estuvieras viendo una snuff movie.